El cold brew es café preparado con agua fría o a temperatura ambiente durante un período prolongado, generalmente entre 12 y 24 horas. A diferencia de los métodos tradicionales que usan altas temperaturas, este método de preparación extrae el sabor directamente de los granos sin aplicar calor.

Utiliza una molienda gruesa, similar al tamaño de la sal marina. Este tipo de molienda permite que el agua extraiga los sabores de forma lenta y uniforme, evitando un café amargo o con exceso de sedimentos.
Agrega el café molido al recipiente y vierte el agua fría lentamente hasta humedecer todo el café. Mezcla suavemente durante unos segundos para que no queden zonas secas y la extracción sea uniforme.
Tapa el recipiente y deja infusionar entre 12 y 24 horas. Para la mayoría de los cafés, el mejor equilibrio entre aroma, cuerpo y dulzor se obtiene con un tiempo de 16 a 18 horas. Puedes dejarlo en la nevera o en un lugar fresco a temperatura ambiente.
Finalizada la infusión, filtra la mezcla utilizando un filtro de papel, una tela para café o un colador de malla fina. Si deseas una bebida más limpia, puedes realizar un segundo filtrado.
El resultado es un concentrado de Cold Brew. Puedes disfrutarlo solo si prefieres un sabor intenso o diluirlo con agua, leche o bebida vegetal hasta obtener la intensidad deseada. Sirve con abundante hielo para una bebida refrescante.
El café frío tradicional (o iced coffee) es café preparado en caliente con métodos convencionales como filtrado o espresso, que luego se enfría y se sirve sobre hielo. El cold brew, en cambio, nunca usa calor: el café molido se infusiona en agua fría o a temperatura ambiente durante 12 a 24 horas. La diferencia en el sabor es notable.
El término viene del inglés: cold (frío) y brew (preparación o infusión). Este proceso lento genera un perfil de sabor único: suave, menos ácido y con un dulzor natural que no encontrarás en el café caliente. La ausencia de calor evita que se extraigan compuestos amargos, resultando en una bebida más equilibrada.
